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Memoria para un fusilado: legalidad y muerte en la Argentina

By Tomás Bergallo Published December 27, 2017

(NOTA este es un anexo a la investigación  realizado en el año 2007, “Apuntes sobre un fusilado”, para el espacio curricular Seminario de estudios regionales. En aquella producción se presentó el caso de Dante Bodo, hasta ese momento no había sido juzgado por la justicia. Han pasado diez años y mucha agua  ha corrido, es caso juzgado desde el año 2014, dentro de una causa que engloba otros crímenes de lesa humanidad en la provincia de San Luis )

El amor venció al odio… ¡No!...pudieron! ….Última nieta recuperada.

¡Violencia es mentir! ….Patricio rey y sus redonditos de ricota.

“Viva la muerte”

“¡Viva la muerte!” fue la consigna con que las tropas falangistas llamaban a luchar contra la República Española. Viva la muerte es un oxímoron que viene a representar el estado de ánimo que se traspiró en los años de plomo de la dictadura cívico militar en la Argentina,  y es un modo de ilustrar el tenebroso plan que  se perpetró sobre la población y, en especial, contra los jóvenes comprometidos con las conquistas sociales.

Dante Bodo era uno de eso comprometidos militantes, abogado inclaudicable de la condición humana y el estado de derecho, no dudó un instante en defender a los presos políticos que desde la madrugada del 24 de marzo de 1976 empezaron a engrosar las mazmorras del régimen, uno de esos presos era mi padre. Que lo recuerda como un cuadro político de la izquierda, de ningún modo alineado a los métodos violentos de la vanguardia armada,  convencido en que hacer respetar la legalidad y las garantías de todo procesado es fundamental en su oficio de hombre de la ley.

Bodo asume la defensa de los arrestados por la Junta Militar a los pocos días del golpe. Incluso estuvo detenido unas horas. Según lo que me cuenta mi madre, a propósito de algunas conversaciones que mantuvo con el abogado en ese corto lapso hasta su ejecución, estaba seguro que era factible liberarlos, ya que sus detenciones eran totalmente anticonstitucionales, que vulneraban gravemente el estado de derecho... La historia se encargaría de desmentir sus fundamentos.

Nuestro país tiene un variado historial en golpes de Estados, desde 1930  las fuerzas armadas han sido el ariete con que ciertos sectores dominantes de la economía se han apropiado del poder  y han actuado de acuerdo a sus intereses de clase. La diferencia con el golpe de 1976 radica, fundamentalmente, en los medios de represión utilizados: secuestro, tortura y desaparición fue el modo operandi con que las fuerzas y los grupos parapoliciales se dieron a la caza de los “elementos subversivos” que amenazaban el orden social e institucional. Métodos de combate anti insurgente que copiaron a las tropas francesas en Argelia, cuando lucharon a mediados de  la década del 50 contra los movimientos independentistas de ese país, hasta ese momento colonia de Francia.  Destaco estos datos, el origen francés de esa metodología siniestra que se cobró 30000 vidas y destruyó el tejido social y la economía a un ritmo desquiciante y avasallador, pocas veces experimentado por la patria (por lo menos en el siglo XX, las guerras policíacas del XIX fueron un antecedente puntual de ese estilo represivo) , digo, destaco estos datos ya que señalan las diferencias  que hay entre esos primeros golpes militares y el del 76: ésta metodología proponía un enemigo que debía ser aniquilado sin miramientos  ni justicia,  por supuesto luego de obtener la información necesaria por medios espantosos, inhumanos.

Con el transcursos de los años nos hemos ido enterando de sus fechorías, el latrocinio desmadrado a manos de hordas vengativas que reclamaron botines de todo tipo (bebés recién nacidos, por ejemplo) e información, muchas veces inexistente. Largo sería detallar esa ordalía, baste señalar que los objetivos principales de este tipo de operativos fueron los cuadros militantes en los gremios, en universidades y colegios secundarios, potenciales elementos cooptados por el marxismo; el rango de edades varía de los 15 a  30 años, el propósito fue debilitar la transmisión entre las bases y la cúpula, como también disciplinar y reprender a ese grupo etario que se ha rebelado contra los estamentos de poder establecido.

Esto hicieron los franceses en Argelia (la película italiana  “La batalla de Argel” lo describe claramente), capturaban un posible colaborador del FNL, de seguro un  residente de la Casba, el barrio de los pobres, lo torturaban  hasta sacarle una información que les sirviera, y si el tipo se moría arrojaban su cadáver al Mediterráneo. En estas “similitudes” residen diferencias que me parece interesante destacar (que puede ser lícito tachar de banal, la flagelación y la muerte no diferencia nacionalidades). Los galos, si bien una división de paracaidistas de la Legión Extranjera, o sea, una banda de mercenarios de lo mejor capacitados  para el combate cuerpo a cuerpo, venían de combatir en Vietnam, con el orgullo herido por cierto (recomiendo la escena de la película en que el  general francés, luego de estudiar el  territorio, sin duda con el recuerdo fresco de Dien Bien Phu en su trasero,  les dice con tristeza y desgano que su actividad en Argelia será “meramente policíaca...”), sus “tareas” las realizaron sobre población extranjera, no eran a compatriotas franceses a los que torturaban y luego hacían desaparecer... en el caso argentino la saña interrogativa y correctiva se efectuó sobre compatriotas, se efectuó con estudiado silencio, para no dejar rastros, para no soliviantar el ánimo de la población con ejecuciones sistemáticas y, la mayoría de las veces, arbitrarias. Este modo de combate contrainsurgente, donde el frente está en la retaguardia, es decir en todos lados, modo que los soldados franceses detestaban  porque se los hacía cumplir “tareas meramente policiales”, en Argelia dará un resultado a corto plazo, ya que la independencia argelina ocurrirá de todos modos una década después de esos sucesos, pero en la Argentina de finales del siglo XX, esta cacería infame, anacrónica si se quiere, dejó una herida que, de tanto en tanto, agita fantasmas y bemoles exorbitados de desprecio social y jurídico, las diferentes máscaras de la muerte  materializándose en un cuerpo que aparece, al fin aparece, en  la espesa nube de contradicciones republicanas que hacen a la condición cívica de la opinión pública actual

“¡Suelten a los perros de la guerra!”

Hoy sabemos que hubo un plan sistemático, plan digitado desde el departamento de Estado de la CIA, pero en esos años la oscuridad y amplitud de esas intenciones eran, por supuesto,  insospechadas. Hay documentación de los servicios Fuerzas Armadas, fechadas para 1969, donde se recomienda el uso de los métodos de contrainsurgencia usados en Argelia, sin embargo nunca se imaginaron un modo de operar tan despiadado y sin objeciones de ningún tipo: el límite de la condición cívica y legal, por ende moral y humana, fueron borroneados por la teoría de la seguridad de estado, un macartismo desembozado y sin cortapisas se impuso en todo el territorio.

Una vez desatada la cacería, la suerte de los militantes capturados se diferenció, en gran medida, entre los que fueron legalizados en el sistema penal, generalmente apresados por alguna fuerza oficial, el caso de mi padre, y los que eran “chupados” por alguna patota parapolicial  y enviados a los centros clandestinos de detención, de esos pocos sobrevivieron.

Los que pudieron exiliarse salieron del país tan rápido como sus medios se los permitiera. Ni bien comenzado el proceso ya eran evidentes el rumbo y tono de la represión que estaba aconteciendo. Dante Bodo tuvo  la posibilidad de salir del país, pero eligió quedarse a formar parte de esa brutal hecatombe que la sociedad argentina exigió para esos años… (y que de vez en cuando amaga pare ese lado, pero no tienen un “partido militar” que los respalde, el férreo desprestigio de las fuerzas los seguirá por décadas, pero no van a desaparecer, los dinosaurios… no).

Convengamos que estas prácticas disciplinarias y vengativas ya habían tenido sus prolegómenos en el golpe del 55. A la “fusiladora” no le tembló el pulso, ni a su opinión pública mercenaria tampoco se los conmovió un ápice las masacres perpetradas a pleno día, el 16 de Junio de 1955 fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina…pero es un hecho que, en mi ciudad especialmente -razones obvias-  es preferible no recordar.

“¡Suelten a los perros de la guerra!” exclama el César de Shakespeare, en el tercer acto,  es una orden de saqueo, la apropiación, la violación y la muerte se desata en las poblaciones del enemigo, lo que se dice una orden para las tripas, para el odio y la impunidad.  Se sabe que en el mundo castrense la duda, la objeción, están fuera de toda posibilidad, pero en el juego democrático son parte fundamental de su razón de ser.

Ese abogado

El caso Dante Bodo es caso juzgado, algunos de sus asesinos murieron antes de sentarse en el banquillo, otros pagan condena. En estos días hemos sido testigos de una avanzada judicial sin precedente, desde 1983 no se cuentan tantos presos políticos, y el desenfado mediático es un circo de acusaciones que no toleran el menor análisis, se hace difícil hablar de seguridad jurídica, de garantías constitucionales. Hoy nos invade un uso muy particular de las figuras legales, la prisión preventiva es la que sobresale, un desenfado en causas intimidatorias y anti populares (a los manifestantes del 1 de septiembre, por el caso Santiago Maldonado, se les hizo causas con embargo de bienes y todo, una instancia de justicia superior desestimó todas esas acusaciones, pero el objetivo está cumplido, desalentar la protesta...muchos detenidos manifestaron temor de volver a otra marcha), plomo y muerte en las manifestaciones y -¡he aquí el horror!- la algarabía rampante con que buena parte de la población celebra estas represiones y ejecuciones…públicas. El panorama no es nada esperanzador.  La noche del proceso, la oscuridad donde se perpetraron las aberraciones a la condición humana más infames  de la historia argentina, ronda en el material discursivo de las redes, a un clic asoman esos abismos que Gieco rememoró volando sobre un rancho de Córdoba: “a veces la diferencia es tan grande que parecen seres de algún otra tierra”, la recurrida “grieta” (¡herida!) no es más que el manifiesto rencor con que  se prefiere resumir un asunto bastante más complejo, verbigracia que habilita golpes bajos, cinismo desmesurado y mucho, mucho odio.

En esos días anteriores a su asesinato, Bodo le cuenta a mi madre que la mano viene muy dura, que lo están buscando, que es mejor no verse por un rato. Fue la última vez que lo vio. Un grupo de operaciones de la fuerza aérea lo fusila frente a su casa, a la madrugada, guarecidos en la oscuridad y el anonimato se dan a la fuga. Las causas de mi padre y los otros presos políticos quedaron libradas a la suerte de una justicia amordazada y funcional al régimen. No había nada más que hacer, estábamos solos, no había manera de detener los procesos y detenciones efectuados desde el 24 de marzo, los años de plomo que vinieron luego fueron terribles, desgarrantes,  para la mayoría de los implicados directos a estas cacerías humanas, algunos con más suerte que otros, si es posible hablar de “suerte” en este contexto de indiferencia legal y humanitaria.  Hoy, como la Eva Perón del célebre cuento de Walsh,  “Esa mujer”, la figura de Dante Bodo resplandece  en medio de un ambiente, social y jurídico,  enrarecido y vil, a medida que la noche avanza...                                                                                            

Tomás Bergallo

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