Jueves, 24 Junio 2021

Palestina, el pueblo que se niega a desaparecer del mapa

Publicado el Martes, 18 Mayo 2021 15:55 Escrito por Por Carlos Álvarez / Especial para El Ciudadano

Mientras usted lee estas líneas, seguramente un misil está cayendo sobre Gaza, la ciudad palestina más pequeña, más asediada, pero también la más aguerrida. Sucede que lxs palestinxs tercamente se niegan a desaparecer del mapa, a ser arrancados de las páginas de la Historia, como el sionismo pretende.

Es por ello que, bomba tras bomba, check point tras check point, muro tras muro, cual olivo renacen entre los escombros con altivo ímpetu a demostrar que siguen en pie.

Entre muchas otras cosas, la historia sirve para aprender a leer un diario, decodificar lo que nos es informado, pudiendo así leer entre líneas y poniendo en perspectiva la información, en perspectiva histórica fundamentalmente. Sucede que, si usted se entera que Hamas realizó un ataque aéreo sobre Tel Aviv, seguramente el espanto sea su reacción inmediata, lo es cual es lógico y moralmente correcto.

Sin embargo, bien distinta es la situación si se comprende que dicha acción, condenable y lamentable sin miramientos, responde a un siglo de atropellos y violaciones permanentes contra su propio pueblo, tradición, cultura, memoria y territorio.

De dicho siglo, los últimos 73 años corresponden a lo que la memoria colectiva palestina conoce como Al Nakba, locución que se traduce como “La tragedia”.

Una colonización que haría sonrojar a los nazis

Pasado y presente siempre van de la mano, por cuanto lo que está sucediendo en Palestina hoy responde a un largo recorrido de generaciones de personas que vieron perder sus casas, sus plantaciones, sus recursos naturales, su dignidad y condición humana.

Al tiempo que el mundo, horrorizado por los crímenes de la Segunda Guerra y del nazismo, celebraba y aplaudía los procesos de descolonización del África y Asia, decidía mirar para un costado a una colonización que haría sonrojar a los altos mandos del Reich alemán.

Entre el 14 y 15 de mayo de 1948 tuvo lugar un hito que lxs palestinxs entendieron como su tragedia, que fue el traspaso de una dominación colonial británica a una mucho más feroz y decidida, como la sionista. Lo que no pudieron entender por entonces lxs palestinxs es que dicha tragedia no era un punto de llegada, el final de una historia de terror, sino el inicio.

Curiosamente, el sionismo lo considera como su fecha de independencia con la creación del Estado de Israel. Es curioso en la medida en que quienes pagaron (y aún lo hacen) los costos de dicho proceso no fueron los colonizadores británicos, sino las poblaciones originarias palestinas.

Los crímenes del nazismo funcionaron como anteojeras que obturaron cualquier intento de mirar y criticar lo que Israel llevaba a cabo sobre el territorio y pueblo palestino, una suerte de transferencia de la culpa europea para que el pueblo palestino realizara la expiación por ellos.

Como ha demostrado el intelectual Normal Finkelstein, quien perdió a parte de su familia en los campos de concentración nazi, la permanente manipulación de la memoria de los horrores del Holocausto por parte del sionismo, terminó creando una industria del holocausto capaz de obturar cualquier crítica o siquiera evaluación sobre lo que sucedía sobre Palestina.

De esta forma, después de haber conocido el mundo entero los horrores del imperialismo y el racismo, Palestina representaba un continuum que nadie quería mirar pero que todxs sabían que estaba allí.

Narrativas míticas muestran “la cuestión” palestina como un conflicto tribal y religioso

El fuerte sol del medio oriente parece que encandiló a los medios masivos de comunicación, quienes estiraron la mirada hacia otras latitudes, brindando cobertura a la Guerra de Corea, de Vietnam o hacia las barbas de Fidel y la túnica de Gadafi.

Durante las últimas siete décadas Israel ha sido amo y señor del Medio Oriente bajo la tutela de los Estados Unidos y de la ONU, esa entidad que sólo se ha dedicado a redactar informes y ONGetizar Palestina con asistencialismo perpetuo, pero sin soluciones de fondo.

No sólo el bloqueo mediático ocluyó la posibilidad de conocer en profundidad lo que padece el pueblo palestino, sino que también se crearon narrativas míticas por medio de las cuales se presentó “la cuestión” palestina como algo eterno, un conflicto tribal y religioso.

Esta mirada orientalista, cínica y criminal oculta la real explicación del proceso de limpieza étnico que Israel practica hace décadas sobre Palestina, explicación que no precisa adentrarse en la oscuridad de los tiempos, pues es moderna, colonialista, nacionalista y geopolítica.

Por qué limitarse a una parte si puede obtenerse la totalidad

El sionismo surgió como un movimiento nacionalista propio de la segunda mitad del siglo XIX europeo, contando progresivamente con el apoyo de su mecenas, el Imperio Británico, el cual vio con buenos ojos apoyarlos a los fines de tener un aliado territorial al tiempo que su antisemitismo se regocijaba con dicha propuesta de traslado extra europeo.

Bajo la tutela británica, que ya se estaba dividiendo el moribundo Imperio Otomano junto con Francia, el sionismo fue poblando en diversas olas migratorias el territorio palestino, abusando de la hospitalidad de dicho pueblo, el cual no tenía razones para imaginar lo que les esperaba.

Cuando el Imperio Británico dejó de ser un tutor valioso y comenzó a ser una molestia, el sionismo no dudó en combatirlo, de la mano de numerosas organizaciones paramilitares terroristas como el Palmaj; la Haganá o la Banda Stern, entre otras, realizando atentados y acelerando el proceso de retirada británico al tiempo que iba diezmando a lxs palestinxs.

De esta manera, cuando la joven ONU propuso un plan de partición para la creación de dos Estados, uno judío y otro palestino, la negativa fue rotunda, después de todo, ¿por qué limitarse a una parte si militarmente puede obtenerse la totalidad?

Comer esperanzas y beber promesas

Entre noviembre de 1947 y mayo de 1948 la determinación del sionismo fue total, logrando la retirada inglesa. Desde entonces, el pueblo palestino es víctima de uno de los genocidios más terribles y duraderos de la historia.

El pueblo creado por quienes se identifican con los mártires del nazismo, desde entonces reproducen con dolorosa similitud mucha de las crueldades que les fueron impuestas a sus antecesores.

Palestina se ha transformado, así, en un rompecabezas de regiones guetificadas con una sola puerta de ingreso (check point), con sus recursos confiscados, sus napas de agua contaminadas y reducidos a un escalón social para el cual las ciencias sociales aún no disponen de categoría que le haga justicia.

A 73 años de la Nakba, Palestina sigue bajo ocupación militar, humillada y condenada a brotar entre los escombros, a comer esperanzas y beber promesas. Jamás un pueblo que se revela contra su opresor puede ser tildado de terrorista, pues resistir y luchar es la más digna forma de sobrevivir ante Goliat

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