Domingo, 05 Diciembre 2021

Los científicos estudiaron el mecanismo que subyace en uno de los comportamientos que caracterizan a la adicción.ntos en ratas, que un pequeño grupo de células nerviosas del cerebro determina que un individuo siga consumiendo aunque tenga consecuencias negativas.

Publicado en Curiosidades

Una coalición de científicos estadounidenses concluyó que los desastres relacionados con el clima han aumentado drásticamente

desde 2019, impulsados por temperaturas récord y elevadas concentraciones atmosféricas de gases con efecto invernadero.

"Los eventos y patrones climáticos extremos que hemos presenciado en los últimos años, sin mencionar las últimas semanas, destacan

la mayor urgencia con la que debemos abordar la crisis climática", asegura el investigador Philip Duffy, coautor del estudio y directo

r ejecutivo del Woodwell Climate Research Center, ubicado en Massachusetts.

Los investigadores, procedentes también de la Universidad de Oregón y el American Institute of Biological Sciences de Virginia, han

resumido los hallazgos en una serie de artículos publicados en la revista BioScience y todos coinciden en que los efectos de la crisis

climática son demasiado evidentes.

Entre las señales de alarma citan que 2020 fue el segundo año más caluroso de la historia y los cinco más calurosos se han ido sucediendo desde 2015.

Además, tres importantes gases de efecto invernadero, dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, alcanzaron récord de concentraciones

atmosféricas en 2020 y nuevamente en 2021.

"Existe una creciente evidencia de que nos estamos acercando o ya hemos ido más allá de los puntos de inflexión asociados con partes importantes

del sistema terrestre, incluidos los arrecifes de coral en aguas cálidas, la selva amazónica y las capas de hielo de la Antártida Occidental

y Groenlandia", afirmó William Ripple, profesor de ecología en la Universidad de Oregon.

Así, los científicos corroboran que la coincidencia de tantas noticias sobre eventos naturales extremos, como los incendios de California

o las inundaciones en el centro de Europa, responden a un rápido deterioro climático.

Como ejemplo exponen los 4 millones de hectáreas que ardieron en EE.UU. durante 2020 o el millón de hectáreas que perdió la Amazonia brasileña el mismo año.

"Las políticas para combatir la crisis climática o cualquier otro síntoma deben abordar su causa raíz: la sobreexplotación humana del planeta", alertó Ripple.

Los autores del estudio sugieren que harán falta cambios profundos en el comportamiento humano para afrontar los desafíos de la "crisis climática", un término

acordado por más de 11.000 científicos en 2019 para referirse a lo que anteriormente se conocía como "calentamiento global".

Entre sus recomendaciones, animan a la "eliminación gradual y eventual prohibición" de los combustibles fósiles, además de desarrollar reservas climáticas estratégicas.

Cuando la economía mundial se detuvo en la primera mitad de 2020 por la pandemia del coronavirus ciertos niveles bajaron, pero se prevé

que el producto interior bruto global "repunte a un máximo histórico" y con ello todas las emisiones contaminantes, apuntó Ripple.

Publicado en El Mundo

El estudio, publicado en 1971, predice que el área total del horizonte de sucesos de un agujero negro nunca puede disminuir.

De acuerdo a la investigación del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, todos los seres vivos descienden de este megaorganismo.

Se trata de la enana blanca más pequeña y masiva jamás vista, la cual nace de la fusión de dos enanas menos masivas.

Miércoles, 19 Mayo 2021 10:51

Chernóbil se vuelven a reactivar

El recuento de neutrones ha aumentado progresivamente en los últimos cuatro años, lo que indica reacciones de fisión

Recién cumplidos los 35 años desde la catástrofe de Chernóbil en la que el reactor nuclear ucraniano saltó por los aires, los científicos han descubierto que las reacciones de fisión siguen produciéndose en las profundidades de los restos del búnker de contención. Aunque descartan un episodio de las mismas magnitudes que el ocurrido en la noche del 26 de abril de 1986, alertan de que, de seguir multiplicándose estas reacciones, sí que podría ocurrir un serio incidente.

El siguiente paso, según se explica en la revista ' Science', será averiguar si se trata de algo pasajero que terminará por desaparecer solo o si habrá que intervenir de alguna manera.

Tal y como informaba a finales del pasado mes Anatolii Doroshenko, del Instituto de Problemas de Seguridad de las Plantas de Energía Nuclear (ISPNPP) en Kiev (Ucrania), los sensores detectaron en una de las habitaciones selladas un aumento progresivo de neutrones, lo que sería una señal de fisión.

«Hay muchas incertidumbres -afirma Maxim Saveliev de ISPNPP-. Pero no podemos descartar la posibilidad de un accidente».

Según explica Saveliev, el recuento de neutrones aumenta lentamente, lo que sugiere que, afortunadamente, los investigadores y técnicos aún cuentan con años para descubrir cómo sofocar la amenaza.

Cuando parte del núcleo del reactor de la Unidad Cuatro se derritió en abril del 86, las varillas de combustible de uranio, su revestimiento de circonio, las varillas de control de grafito y la arena arrojada al núcleo para tratar de extinguir el fuego se fundieron en lava. Este líquido fluyó desde el reactor hasta las salas del sótano, donde se acabó endureciendo y formando materiales que contienen combustible (FCM), que están cargados con aproximadamente 170 toneladas de uranio irradiado, el 95% del combustible original.

El sarcófago de hormigón y acero -el llamado búnker de Chernóbil-, que se creó un año después del accidente para aislar los restos no era del todo estanco y la lluvia se filtró al interior.

El problema es que con el agua a veces se elevan las reacciones de fisión y, por tanto, el número de neutrones. Eso es lo que pasó después de una gran tormenta caída en junio de 1990: los niveles subieron hasta un nivel tan crítico que un científico se aventuró a la sala del reactor -a pesar de la fuerte radiación- para rociarla con una solución de nitrato de gadolinio, que absorbe neutrones.

Varios años después, la planta instaló rociadores de nitrato de gadolinio en el techo del búnker, pero el aerosol no puede penetrar eficazmente en algunas habitaciones del sótano.

Sin embargo, cuando acabaron las obras de 2016 del nuevo búnker (NSC por sus siglas en inglés) que recubría el antiguo, los científicos pensaron que estos capítulos acabarían: la lluvia no entraría en los dominios y, al final, podrían desmantelarse las instalaciones.

De hecho, desde entonces, los recuentos de neutrones se han mantenido estables o incluso han disminuido. Pero comenzaron a subir en algunos lugares, casi duplicándose en 4 años en la habitación 305/2, que contiene toneladas de FCM enterradas bajo escombros. El modelo ISPNPP sugiere que, según se seca el combustible, las reacciones de fisión se hacen más efectivas, pero no está claro cómo ocurre.

Miedo a que la reacción se acelere

Es por ello que, a medida que el agua continúa retrocediendo, el temor es que «la reacción de fisión se acelere exponencialmente», dice Hyatt, lo que lleva a «una liberación incontrolada de energía nuclear». No hay posibilidad de que se repita lo ocurrido en 1986, ya que cualquier reacción explosiva no sería muy fuerte y podría contenerse.

Sin embargo, podría amenazar con derribar partes inestables del destartalado búnker primigenio, llenando el NSC con polvo radiactivo.

Ahora, el problema es que los niveles de radiación en la sala 305/2 impiden acercarse lo suficiente para instalar sensores. Y rociar nitrato de gadolinio sobre los escombros nucleares no es una opción, ya que es una zona sepultada. Una idea es desarrollar un robot que pueda soportar la intensa radiación durante el tiempo suficiente para perforar agujeros en los FCM e insertar cilindros de boro, que funcionarían como barras de control y absorberían neutrones. Mientras tanto, ISPNPP tiene la intención de intensificar el monitoreo de otras dos áreas donde los FCM tienen el potencial de volverse críticos.

Y no es el único de los problemas a los que se enfrenta el complejo: la intensa radiación y alta humedad provoca que los FCM se estén desintegrando, generando aún más polvo radiactivo que complica los planes para desmantelar el búnker. Al principio de su creación, una formación FCM llamada Pie de Elefante era tan difícil de perforar que los científicos tuvieron que usar un rifle Kalashnikov para cortar un trozo para su análisis. «Ahora tiene más o menos la consistencia de la arena», dice Saveliev.

35 años después, Chernóbil sigue siendo un lugar muy peligroso.

Publicado en Curiosidades
Miércoles, 19 Mayo 2021 10:51

Chernóbil se vuelven a reactivar

El recuento de neutrones ha aumentado progresivamente en los últimos cuatro años, lo que indica reacciones de fisión

Recién cumplidos los 35 años desde la catástrofe de Chernóbil en la que el reactor nuclear ucraniano saltó por los aires, los científicos han descubierto que las reacciones de fisión siguen produciéndose en las profundidades de los restos del búnker de contención. Aunque descartan un episodio de las mismas magnitudes que el ocurrido en la noche del 26 de abril de 1986, alertan de que, de seguir multiplicándose estas reacciones, sí que podría ocurrir un serio incidente.

El siguiente paso, según se explica en la revista ' Science', será averiguar si se trata de algo pasajero que terminará por desaparecer solo o si habrá que intervenir de alguna manera.

Tal y como informaba a finales del pasado mes Anatolii Doroshenko, del Instituto de Problemas de Seguridad de las Plantas de Energía Nuclear (ISPNPP) en Kiev (Ucrania), los sensores detectaron en una de las habitaciones selladas un aumento progresivo de neutrones, lo que sería una señal de fisión.

«Hay muchas incertidumbres -afirma Maxim Saveliev de ISPNPP-. Pero no podemos descartar la posibilidad de un accidente».

Según explica Saveliev, el recuento de neutrones aumenta lentamente, lo que sugiere que, afortunadamente, los investigadores y técnicos aún cuentan con años para descubrir cómo sofocar la amenaza.

Cuando parte del núcleo del reactor de la Unidad Cuatro se derritió en abril del 86, las varillas de combustible de uranio, su revestimiento de circonio, las varillas de control de grafito y la arena arrojada al núcleo para tratar de extinguir el fuego se fundieron en lava. Este líquido fluyó desde el reactor hasta las salas del sótano, donde se acabó endureciendo y formando materiales que contienen combustible (FCM), que están cargados con aproximadamente 170 toneladas de uranio irradiado, el 95% del combustible original.

El sarcófago de hormigón y acero -el llamado búnker de Chernóbil-, que se creó un año después del accidente para aislar los restos no era del todo estanco y la lluvia se filtró al interior.

El problema es que con el agua a veces se elevan las reacciones de fisión y, por tanto, el número de neutrones. Eso es lo que pasó después de una gran tormenta caída en junio de 1990: los niveles subieron hasta un nivel tan crítico que un científico se aventuró a la sala del reactor -a pesar de la fuerte radiación- para rociarla con una solución de nitrato de gadolinio, que absorbe neutrones.

Varios años después, la planta instaló rociadores de nitrato de gadolinio en el techo del búnker, pero el aerosol no puede penetrar eficazmente en algunas habitaciones del sótano.

Sin embargo, cuando acabaron las obras de 2016 del nuevo búnker (NSC por sus siglas en inglés) que recubría el antiguo, los científicos pensaron que estos capítulos acabarían: la lluvia no entraría en los dominios y, al final, podrían desmantelarse las instalaciones.

De hecho, desde entonces, los recuentos de neutrones se han mantenido estables o incluso han disminuido. Pero comenzaron a subir en algunos lugares, casi duplicándose en 4 años en la habitación 305/2, que contiene toneladas de FCM enterradas bajo escombros. El modelo ISPNPP sugiere que, según se seca el combustible, las reacciones de fisión se hacen más efectivas, pero no está claro cómo ocurre.

Miedo a que la reacción se acelere

Es por ello que, a medida que el agua continúa retrocediendo, el temor es que «la reacción de fisión se acelere exponencialmente», dice Hyatt, lo que lleva a «una liberación incontrolada de energía nuclear». No hay posibilidad de que se repita lo ocurrido en 1986, ya que cualquier reacción explosiva no sería muy fuerte y podría contenerse.

Sin embargo, podría amenazar con derribar partes inestables del destartalado búnker primigenio, llenando el NSC con polvo radiactivo.

Ahora, el problema es que los niveles de radiación en la sala 305/2 impiden acercarse lo suficiente para instalar sensores. Y rociar nitrato de gadolinio sobre los escombros nucleares no es una opción, ya que es una zona sepultada. Una idea es desarrollar un robot que pueda soportar la intensa radiación durante el tiempo suficiente para perforar agujeros en los FCM e insertar cilindros de boro, que funcionarían como barras de control y absorberían neutrones. Mientras tanto, ISPNPP tiene la intención de intensificar el monitoreo de otras dos áreas donde los FCM tienen el potencial de volverse críticos.

Y no es el único de los problemas a los que se enfrenta el complejo: la intensa radiación y alta humedad provoca que los FCM se estén desintegrando, generando aún más polvo radiactivo que complica los planes para desmantelar el búnker. Al principio de su creación, una formación FCM llamada Pie de Elefante era tan difícil de perforar que los científicos tuvieron que usar un rifle Kalashnikov para cortar un trozo para su análisis. «Ahora tiene más o menos la consistencia de la arena», dice Saveliev.

35 años después, Chernóbil sigue siendo un lugar muy peligroso.

Publicado en Curiosidades

El enemigo a batir en la lucha contra el cambio climático, el dióxido de carbono, se ha convertido en un aliado para frenar el calentamiento global. Y aunque siempre ha existido en la naturaleza, es ahora, gracias al desarrollo de nuevas tecnologías, cuando puede convertirse en un recurso del que poder obtener provecho.

Ya no nos sorprendemos si nos dicen que a partir de residuos se puede fabricar desde ropa a mobiliario de jardín. Incluso, se puede obtener energía, como es el caso de los biocombustibles. Lo que ya no es tan conocido es que el CO₂ también se puede “reciclar” y que, haciéndolo, además, estamos convirtiendo al mayor enemigo del cambio climático en nuestro mejor aliado. Y no solo porque evitamos que esas emisiones permanezcan en la atmósfera, sino porque ahora, gracias a la tecnología, somos capaces de darle una segunda vida y convertir el dióxido de carbono en algo útil para la sociedad. 

En el sufrido terruño planetario, ¿qué se pudo aprehender de esta pandemia? Una lección sería que, independiente de cómo finalice, se podría esperar que represente la separación entre antes-y-después. Si algo tuviese de positivo (valga la valoración esperanzada), quizás se inicie una etapa "post-neoliberal". Muchos hechos del pasado y del presente apoyan esta perspectiva, como las declaraciones de los impresentables Donald Trump, Boris Johnson y otros colegas europeos, fieles a la falsa dicotomía al priorizar la economía a la salud. O bien, en otra geografía y como parodia de “rudos aprendices”, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera and Company, al subestimar la pandemia como simple gripezinha y proponer vencerla con rezos o tragando tóxicos brebajes, mientras siguen apostando al mercado, sin haber descubierto aun que la economía es una ciencia social (17, 18).

Publicado en Análisis

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.