Sábado, 20 Julio 2024
Claudia Lobato

Claudia Lobato

Politóloga - Licenciada en Ciencias Políticas

UNTREF - ULP

El camino que, actualmente, tiene la oposición parecería no ser otro que: construir sobre los escombros; resurgir desde las bases ideológicas que alguna vez delimitaron el accionar de sus espacios políticos. Digo esto pensando en el radicalismo y el peronismo, pero también, parafraseando a Axel Kicillof, “con nuevas canciones”, adaptando sus proposiciones e ideas de país a la realidad que enfrenta hoy nuestra sociedad.

Hoy, nuevamente, los diputados nacionales fueron insultados por el presidente. Les dijo “degenerados fiscales" por la aprobación de una nueva fórmula jubilatoria que, de sancionarse y sortear un eventual veto presidencial, implicaría un gasto adicional del 0,4% del PBI. Esto es lo que sostiene el mandatario, pero no objeta la falta de pago o el bajarles los impuestos sobre bienes personales a los más ricos o, mejor dicho, a los que más tienen. Según él, porque esto complicaría el artículo sobre el blanqueo de capitales...

En definitiva, si uno lee detenidamente la Ley Bases y su Paquete fiscal, se podría decir que, casi en su totalidad, es beneficiosa para unos pocos sobre los muchos que quedarían por fuera.   

Pero volviendo al título, ¿a qué me refiero con construir desde los escombros? Es en referencia a esas viejas ilusiones (y digo viejas porque ya corrió mucha agua bajo el puente). Esas ilusiones que tenían numerosos analistas, periodistas y personas de la elite política que decían que, “el presidente está empezando a entender cómo funciona la política” con la media sanción lograda en el Senado de la Ley Bases.

Milei, alegaban algunos, está entendiendo que es con negociación y consenso como se logran las cosas. Lo cierto es que, ¿lo entiende así, el presidente?.

Claramente, con estas declaraciones e insultos a los diputados deja en evidencia que, cuando no consigue lo que quiere y cómo lo quiere, vuelven a ser “las ratas del congreso” y los vuelve a humillar de la peor manera, algo que hace constantemente a cualquiera que opine de manera contraria u objete su accionar.

Otra de las cosas que viene pasando estos días es la negación de los acuerdos y negociaciones que realizara el oficialismo con distintos senadores para lograr la aprobación de la Ley Bases. A esto hacía referencia con el “viene corriendo mucha agua debajo del puente”, porque los que niegan estos pactos son, principalmente, los encargados de hacerla. Me refiero al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que estos días dijo que no existieron tales negociaciones.

Cuando estaban apurados por dar media sanción a la ley en la Cámara Alta, incluso al mismo presidente no importaba el cómo, sino que saliera aprobada del senado. Es más, en distintos medios periodísticos se jactaban de la hazaña de Francos, de lo entendido que era en materia de negociación y política tradicional.

Hoy, cuando la Ley Bases y su Paquete Fiscal están a punto de volver a tratarse en la cámara de origen (diputados), surge esta cuestión de negar los acuerdos, de querer reintroducir lo que se rechazó e insistir con la versión original, es decir, con la modificación de diputados que le dio media sanción y la enviaron a la cámara revisora para que esta la aprobara, cambiase o rechazase. Lo cierto es que ahora, producto de modificaciones y rechazos, en el Senado dicen que estos acuerdos no existieron, que no fueron tales.

En síntesis, parecería que desconocen cómo funciona un bicameralismo y, no solo eso, que además desconocen o niegan que existen, al menos, dos líneas de interpretación del artículo 81 de la Constitución Nacional, que dice qué hacer en caso de producirse una situación como la presente.

Todo esto deja en evidencia la necesidad de que emerja una oposición clara, una oposición que se reconstruya, una oposición que empiece a mirar y actuar en función de las demandas de sus representados... Necesitamos un Congreso y una elite política activos y comprometidos con la cosa pública, con el bien común, con la democracia.

Desde aquí y pensando que estamos a un año de las elecciones de medio término, los espacios opositores al gobierno deberían también preguntarse de qué lado se van parar. Deberían estar pensando, dentro de sus bases ideológicas, cómo ponerse al frente de este gobierno. Algunos espacios quizás se encuentren más cercanos ideológicamente a él y, tal vez, deberían ver de qué manera no diluirse dentro del oficialismo.

Habría que recordarles a varios que decirle que no, o no mejor dicho rechazar una iniciativa del Poder Ejecutivo, no es restarle gobernabilidad, sino más bien, como señal de que se respeta la división de poderes. Que tienen la misma legitimidad que el presidente. Porque fueron elegidos por el voto popular de rechazar o aprobar una iniciativa del Ejecutivo que ellos consideren contraria a las necesidades y demandas de sus representados

Otros (y acá hago más referencia al radicalismo o al peronismo, quizás porque los ubico como opciones más de centro) deberían, tal vez, plantear un proyecto superador a lo que propone el oficialismo. Un plan que, por ejemplo, incluya a la industria nacional, a las Pymes, al campo, a la tecnología, a la ciencia y a la educación como pilares. Un proyecto productivo nacional, con apertura sí, pero con protección, como están haciendo la mayoría de los países desarrollados. No entregando todo ni abriendo las puertas de par en par para que se lleven todo.

Estoy pensando en cómo generar más Estado presente, pero no uno que te prometa cosas o te ofrezca derechos que después no puede darte en lo tangible. Un Estado que brinde salud, seguridad, educación y que proteja a los más débiles. ¿Cómo? Haciendo que los más ricos (que los empresarios más poderosos del país) tributen sus impuestos en el país, controlando y penando la evasión fiscal; proponiendo un sistema impositivo progresivo en cual todos paguemos, pero asegurándose que sea lo más equitativo posible.

Creo que la oposición, más allá de ser responsable de muchos errores cometidos y de la necesidad de autocrítica, hoy debería comprometerse a cuidar nuestra democracia porque este gobierno, cada día, se encarga de correr un poco más el límite hacía el lado opuesto. La oposición es responsable de marcar al gobierno que la gran mayoría de las cosas que prometió en campaña no las está cumpliendo y que mucho de lo que él mismo les criticó en ese momento, ahora lo hace con total impunidad.

La oposición es responsable de velar por sus representados, de controlar al Poder Ejecutivo y de que el Poder Legislativo actué como un verdadero check and balance. Es responsable de que la gente no la pase cada vez peor y de cuidar los intereses de la Nación, su soberanía y sus recursos.

Por eso, creo que el peronismo, el radicalismo, el PRO y demás espacios deben dejar sus disputas internas en el interior, valga la redundancia, y empezar a fortalecerse para proponerle a la sociedad una alternativa.

Quizás es momento de dejar los egos y empezar a pensar en una sociedad no tan individualista, con un proyecto colectivo. Pensar que para que la democracia sobreviva necesita de partidos políticos, porque no hay democracia sin partidos políticos. No hay democracia sin diversidad de voces. No hay democracia sin una real distribución del ingreso, sin una economía que asegure una distribución equitativa. No hay democracia sin Estado ya que este debe ser guardián y garante de los derechos y de las obligaciones de los ciudadanos, de la CN y de nuestra soberanía nacional.

Por lo tanto, espero y creo que todos necesitamos, que surja una oposición que entienda las demandas de nuestro pueblo. Necesitamos líderes políticos con capacidad y propensión al diálogo, al consenso, con apego a las reglas institucionales de la democracia y pleno respeto a la letra de la Constitución Nacional; y no a las interpretaciones capciosas que se puedan hacer de ella en beneficio de los intereses particulares de unos pocos por sobre los intereses colectivos.

 

 

Hace un par de días que vengo pensando, por qué no empezar por las coincidencias, un poco por cosas que vengo mirando, leyendo, escuchando y prestando atención a distintas opiniones en redes principalmente, a diversas encuestas, artículos periodísticos. En algún punto todos convergemos en que queremos un mejor país para vivir.

Si uno presta atención más allá de la denominada grieta, de las opiniones encontradas entre distintos sectores ideológicos, políticos, entre los jóvenes y los no tan jóvenes, entre ellos si son hombres o mujeres, y la segmentación etaria. En fin, en el fondo de todos esos reclamos, posturas u opiniones, todos más o menos queremos lo mismo. Una mejora en todos los aspectos de nuestra vida, estabilidad económica, trabajo, educación, salud de calidad.

Que se cumplan y respeten nuestros derechos. Todos queremos un país vivible.

A lo largo de estos meses de la gestión libertaria, hemos comprobado como en distintas oportunidades, principalmente el 24 de marzo, el Día de la Memoria y luego en la marcha por la universidad y la educación pública, estuvimos todos juntos. Como el pueblo, los ciudadanos de distintos sectores sociales, ideológicos, políticos, de diferentes franjas etarias y género, incluso muchos votantes libertarios, estábamos todos juntos. Marchando juntos en defensa de los mismo.

Observar y analizar esto me llevo a pensar por qué no empezar a construir una alternativa o un proyecto, a partir de estas coincidencias, de estos puntos en común, en el cual también se contemplen las diferencias.

Si uno mira ciertas encuestas, en especial las de Zuban Córdoba[i], en muchas de sus preguntas en especial sobre el rol del Estado, de las instituciones, de la oposición, democracia, la gente responde y reclama, más Estado. Pero, un Estado que responda por sus necesidades, más diálogo, más consenso, más democracia, mejorar las instituciones democráticas, educación y salud pública de calidad. Es decir, la gran mayoría responde en contra de lo que este espacio libertario que hoy nos gobierna, piensa, dice y hace frente a estas consignas.

Entonces, qué lleva a este gobierno a pesar de estar en contra de todo de lo que la mayoría de los ciudadanos reclamamos y queremos, que continúe manteniendo su imagen positiva y apoyo. Si lo analizamos de cerca y sin sesgos ideológicos, no es porque los que lo apoyan sean ignorantes, o fachos. No, en su gran mayoría es gente desilusionada, defraudada con la política, con los políticos.

Qué podemos hacer frente a esto. Mucho. Empecemos a mirar la historia y no nos vayamos tanto para atrás. Pensemos y miremos que hicieron y que hizo la política y los políticos, para buscar una salida a la última y cruel dictadura del 76. Formaron la “multipartidaria”. Recomiendo la lectura de un artículo del politólogo Facundo Cruz, para Cenital, sobre “el rol de la mulpartidaria en la vuelta a la democracia”[ii].

La multipartidaria fue una gesta colectiva política, conformada por distintos partidos, pero principalmente por peronistas y radicales, que buscaron precisamente encontrar la salida a esa situación, mediante las coincidencias, en lo que sí estaban de acuerdo.

Crearon un proyecto alternativo a partir de las coincidencias y para eso se necesitó consenso, diálogo, y mucha política. Y hoy a 40 años de la vuelta a la democracia, con todas las dificultades podemos decir que, ese proyecto cumplió un rol más que importante en la vuelta a la democracia. La multipartidaria fue el triunfo de la política frente a la barbarie. El triunfo de los acuerdos, de los consensos y el diálogo frente a la violencia y el autoritarismo, que estaba sumida nuestra sociedad por aquellos años.

Otro hecho que rescato de la historia reciente, es la reforma constitucional del 94.Hoy estamos próximos a cumplir los 30 años de este hecho.  Pero previo a eso, otro suceso el “Pacto de Olivos”. El Pacto fue lo que posibilitó la reforma constitucional, pero sobre todo fue lo que también con errores, con vacancias y aciertos ha permitido una cierta estabilidad política democrática en nuestro país. Sobre este punto te recomiendo el podcast, “Generación del 94”[iii], ahí vas entender de qué te hablo.

Vas a poder comprobar como todos los convencionales constituyentes entrevistados para la realización de este podcast, todos coinciden y rescatan la posibilidad de diálogo y consenso. A pesar del desafío que implicaba de reformar una constitución. El desafío que representaba para la reciente y joven democracia argentina. De la pluralidad de voces. Porque como te mencioné había voces de diferentes espacios políticos, ideologías diferentes, voces que representaban a la iglesia, a los militares. Es decir, cada espacio o cada persona tenia intereses particulares diferentes, pero aun así primó el diálogo y consenso. Todos señalan eso, como el puntapié inicial, eso fue lo hizo posible la reforma constitucional del 94.

Este Pacto como así también la reforma constitucional, fue producto de la política, fue el triunfo también de los acuerdos, del consenso. Primero uno puede rescatar la vocación política de los dos líderes, Alfonsín y Menem. Ambos demostraron entender la política, entender que, de la única manera de lograr cosas, pero principalmente de lograr cosas con legitimidad, era a partir del diálogo, del acuerdo, del consenso. Eso fue el Pacto de Olivos, que luego dio lugar a la reforma.

Y la reforma constitucional del 94 fue producto y llegó a aprobarse precisamente por la legitimad que le dieron esos acuerdos, esos consensos, esos diálogos. En la cual la pluralidad de voces que había dentro de la convención reformadora. Es decir, los convencionales elegidos, pertenecían a distintos espacios políticos, provenían de diversas profesiones.

Ellos eran los encargados de debatir, dialogar, consensuar qué era lo mejor para nuestro pueblo, para la política. Ellos llevaron a cabo la reforma que hizo posible no sólo que se reformara la constitución, sino que se lograra con un alto valor de legitimidad, por la posibilidad de la pluralidad de voces.

Hay que recordar que, había 305 convencionales constituyentes, que convivieron por tres meses en Santa Fé. Los cuales provenían de diferentes espacios políticos, ideológicos, con intereses, también distintos. No es un dato menor este.

Pero el punto el punto de partida fue primero, partir desde lo que estaban todos medianamente de acuerdo, para luego pasar a las diferencias y poder encontrar a través del diálogo la salida.

Por lo tanto, para ir cerrando esta idea y sin caer en utopías, siento que la salida es por acá, desde lo colectivo. Por el lado de la política, por el lado de los valores democráticos, por el lado del diálogo, de los acuerdos, del consenso. Sólo por acá podremos construir algo distinto.

Por qué no volver a intentarlo, tan mal no nos fue, llevamos 40 años de democracia, con falencias sí, pero sin la violencia previa de esos años oscuros y recurrentes en nuestra historia política. Logramos una reforma constitucional legítima, con pluralidad de voces, la que nos rige hasta hoy, con errores sí, pero con muchos aciertos.

Por qué no volver a creer que, desde lo colectivo, desde la política podemos encontrar una salida democrática a nuestro país. Yo tengo fe y esperanza en nuestro pueblo, en la política, en la democracia y ¿vos?

¡Vamos! intentemos arrancar por las coincidencias y después vemos.

[i] https://zubancordoba.com/

[ii] https://cenital.com/la-multipartidaria-y-su-rol-en-la-vuelta-a-la-democracia/

[iii] https://open.spotify.com/show/257dDhCYUwgQ0trcojXyZv?si=fb6f9e01b6364e82

Un poco tomando la idea del título de la novela “Lo que el viento se llevó”, es la sensación que creo nos dejó a muchos la maratónica sesión de diputados que empezó este pasado martes 29 de abril y culminó ayer 30 de abril del corriente año. En la cual se trató el proyecto de Ley Bases presentada por el Poder Ejecutivo.

A casi 100 días de la administración Milei, el presidente no ha hecho más que demostrar su poco apego a la institucionalidad. Su rechazo explícito a las instituciones democráticas.

Esto fue visible desde su asunción, cuando en su primer discurso como presidente habló de espaldas al Congreso. Luego no ha hecho más que denostar al Congreso, llamándolo “nido de ratas”, insultar a los legisladores sean del espacio que sean, cuando estos lo contradicen o no le aprueban o cuestionan sus iniciativas. También ha denostado el federalismo, lo cual ha quedado visible en su pelea con los gobernadores.

Sobre los dichos del Estado, del cual él es presidente y no sólo que se postuló para ser presidente de ese Estado, lo llama “organización criminal”. En referencia a la democracia, ha repetido hasta el cansancio que los problemas para Argentina empezaron desde la Ley Sáenz Peña, inicio de la democratización en el país. Señalando de manera clara y explícita que, el problema es la democracia.

En referencia a los políticos, desde su campaña y actualmente se refiere a ellos, como “casta” de manera despectiva. Casta que él mismo ha incluido en su gestión para puestos estratégicos, como Caputo, Ministro de Economía, Sturzenegger, que no es funcionario, pero es el ideólogo de su Ley Bases, su DNU y de la mayoría de sus iniciativas, a Guillermo Francos, como Ministro del Interior, a Patricia Bullrich, como Ministra de Seguridad.

Es decir, todos han sido parte de gobiernos anteriores, unos vienen desde el menemismo, otros del macrismo. Aclarando que en un momento llamó a Macri, como el peor presidente de la historia argentina, y después terminó aliado, con una alianza en continúa tensión, pero aliados al fin.

Ni hablar de las cosas que se dijeron con Patricia Bullrich, hoy ella muestra una total fidelidad y lealtad hacia él y sus políticas, después de haber dicho que, “las ideas de Milei, eran peligrosas”.

En fin, un presidente que reniega de los políticos, de la democracia, de sus instituciones, del Estado y de todo lo público. Que a su vez reivindica a Alberdi y a la Constitución, de una manera extraña. Porque nuestra Constitución declara ser que, es “republicana, representativa y federal”, es decir, promueve la división de poderes, el respeto a las instituciones democráticas y declara ser federal. Es decir, dota a las provincias que conforman el Estado Nacional, de autonomía política, algo que claramente él, se niega a reconocer.

Lo hemos podido ver a lo largo de estos casi 100 días de gestión, en las distintas disputas que ha tenido con algunos gobernadores, tratándolos de traidores cuando no apoyan sus iniciativas, amenazándolos de diversas maneras, quitándoles arbitrariamente recursos que eran destinados por ley a las provincias.

Este es mapa de los 100 días de gestión de este presidente indomable, sin logros económicos, porque la pobreza está en clara avanzada, sin escalas y la economía de las clases medias está cada vez peor.

Un presidente preocupado por la macroeconomía, pero que se olvida que, si la microeconomía no funciona, el lograr tener valores macro positivos no le garantiza a su pueblo y principalmente a sus votantes que estarán mejor, que disminuirá la pobreza y las desigualdades. No le garantiza tampoco que vamos camino a ser un país productivo y esto último menos, porque ni siquiera tiene o ha presentado un plan productivo.

Lo único hasta el momento visible y que ha resultado fiel a sus promesas de campaña, es el ajuste. Un ajuste que no hace más que repetir que lo paga la casta, que la gente se creyó que era la casta política, porque fue su promesa de campaña y lo menciona en sus discursos. Pero que, ya ahora es un hecho fáctico que la casta no eran los políticos, sino que éramos todos nosotros. Si, también sus votantes, a los que llama argentinos de bien, porque el resto somos los argentinos del mal, pero resulta ser que a ellos también les llega el brutal ajuste.

Lo cierto es que hoy a la política argentina se le presentan tres posibles escenarios, dadas las características de este presidente y teniendo presente lo detallado más arriba.

Primero hay que tener en cuenta que, este presidente indomable, que aparenta ser muy fuerte, que lanza sus gruñidos y garrazos de león por las redes sociales o en las “entrevistas” que le hacen sus amigos periodistas, si se pueden llamar entrevistas. Porque vemos que no se le cuestiona nada, solo habla él. Pero lo cierto es que no es más que un presidente débil, un presidente en minoría. Recordemos que, de hecho, gana en segunda vuelta.

Los países presidencialistas que tienen sistema de segunda vuelta, debido a que poseen un sistema de partidos atomizado, es decir, muchos partidos, donde ninguno de los candidatos logra llegar al 50 % en primera vuelta y por eso van a segunda vuelta (ballotage). Pero es acá cuando se les presentan dos inconvenientes, a estos presidentes. El primero que ganan con mayorías fabricadas o artificiales, como se las llama en la Ciencia Política. Debido a que estas mayorías, son el producto de una necesidad de reforzar la legitimidad de los presidentes. Entonces los votos se conforman de una dinámica negativa “gana el menos peor”.

El segundo inconveniente, y gran problema para estos presidentes electos con sistema de segunda vuelta, es que la primera vuelta coincide con la de diputados y/o senadores. El problema está en que estos presidentes que aparentan ser fuertes, tienen, por un lado, votos que no son totalmente suyos y por el otro, conviven con congresos igual de legítimos, elegidos también por el voto popular, pero que estos, no controlan.

Aquí empieza el nudo de este gran problema, esta legitimidad dividida genera tres posibles escenarios para el presiente. Uno puede ser de, “acuerdo”, en el cual el presiente construye alianzas con la oposición. El segundo puede ser de, parálisis, se pelea con el Congreso y no logra que le aprueben sus iniciativas o el tercero, que incite a que termine produciéndose una situación de, inestabilidad, al optar por el enfrentamiento sin más con el Congreso, corriendo el riesgo de ser destituido por este.

En el caso argentino, hoy podemos pensar que estos tres escenarios podrían ser una posibilidad latente, principalmente los dos primeros. Me refiero a que, si el presidente en clara minoría en ambas cámaras, como lo es Milei, no opta en el corto plazo por el diálogo con la oposición, sino teje consensos con los gobernadores y que estos a su vez puedan mediante estos consensos, consensuar con sus legisladores nacionales que representan a sus provincias, a fin de lograr mediante el diálogo y el consenso un acuerdo con el presidente. Para lograr que sus iniciativas se aprueben, siempre teniendo en cuenta la necesidad del debate de estas iniciativas, dentro de los márgenes y con las herramientas democráticas. Sino la otra posibilidad es que, decida confrontar directamente con la oposición.

Por lo tanto, puede ser que, de acuerdo a las opciones que elija, nos encontremos frente al primer escenario, el acuerdo o frente al segundo escenario, la parálisis. El tercero dependerá mucho de cuál de los dos escenarios previos prevalezca.

Como dice un colega, hasta el momento, esta es una noticia en desarrollo. Veremos si este león indomable termina siendo un león domado por las instituciones democráticas

 

 

 

Hace unos días redacté una nota sobre cómo, desde nuestro lugar de ciudadanos, estamos alimentando a este monstruo a lo que algunos lo llaman de extrema derecha, derecha radical, libertario, o cualquier otro nombre que se le quiera dar. Este monstruo está devorando nuestros consensos democráticos, nuestras instituciones democráticas, y todos aquellos debates que parecían haber sido resueltos y acordados. Habíamos sellado todo esto con la frase en la que todos resonábamos: "Nunca Más". Nunca más listas para señalar a quienes piensan diferente, nunca más promover la violencia desde arriba o desde abajo, nunca más silenciar el disenso.

Sin embargo, lamentablemente, hoy nos encontramos nuevamente debatiendo estos temas, y lo peor es que esta vez viene desde nuestro presidente y su círculo más cercano. La mayor responsabilidad recae en él, ya que debería representar la cordura y ser un guía para la sociedad, pero se ha convertido en el principal incitador y promotor de mensajes cargados de odio y violencia, tanto verbal como simbólica.

Ante esta situación, no podemos permitirnos ser tibios ni quedarnos al margen, especialmente aquellos de nosotros que tenemos una responsabilidad social, como en mi caso como cientista política y defensora de los valores democráticos. Cada uno de nosotros, sin importar nuestro papel en la sociedad, debe alzar la voz frente a estos abusos.

Los abusos tienen nombre y apellido, como las listas de diputados y gobernadores que el presidente expuso en sus redes sociales, y que muchos medios de comunicación, con muy poca integridad democrática, se encargaron de difundir. En estas listas señala a aquellos que no votaron a favor de ciertos artículos de su "ley ómnibus", tratándolos de traidores y con una imagen de Terminator, exponía sus nombres como identificándolos. Lo que vimos la película sabemos que de esta forma el personaje identificaba a sus enemigos para exterminarlos.

Ahora, se suma el ataque a la cantante argentina Lali Espósito. Llamo a esto un ataque porque la forma en que el presidente se pronuncia en su contra y las palabras que utiliza para referirse a ella, por un lado, rozan lo infantil cuando afirma "ella empezó", pero también generan miedo debido a la incitación a la violencia que esto puede provocar.

En estas semanas hemos podido presenciar, como gestionó su enojo hacia los gobernadores que según él lo traicionaron, quitándoles a las provincias ciertos subsidios y fondos. El presidente parece olvidar que quien realmente pierde es el pueblo. Descarga su enojo sobre cada uno de nosotros con aumentos, la eliminación de subsidios y fondos, mediante el incumplimiento de los pactos y leyes propios de nuestro federalismo, sin ponerlos en debate, sin consensuar con las partes. Olvidándose que la política es el medio para gestionar el consenso, el conflicto.

Y no solo eso, estamos presenciando un claro avasallamiento sobre la división de poderes, nuestro sistema federal y nuestro tejido social. No podemos quedarnos callados ante esto; no podemos permitirlo.

Desde la política, las y los políticos, tanto del poder legislativo como del judicial y cada uno de los gobernadores, deben defender nuestra democracia y nuestra Constitución. No pueden simplemente esperar a ver qué sucede, como algunos han sugerido. La violencia y el odio están aumentando cada vez más, y lo peor es que provienen principalmente de aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir nuestro país y cuidar a su pueblo.

Por lo tanto, no podemos quedarnos inmóviles ante estas injusticias. Cada uno de nosotros, desde nuestro rol en la sociedad, debe luchar por nuestra democracia, rechazar los mensajes de odio y las noticias falsas, informarnos, defender nuestro Estado de derecho y fortalecer nuestra convivencia democrática. Desde los diferentes ámbitos donde se ejerce la política, debemos fortalecer nuestras instituciones, demostrar resiliencia democrática y propiciar el diálogo constructivo y la escucha asertiva.

Si cada uno de nosotros se compromete con estas acciones, podemos ayudar significativamente a fortalecer y mejorar nuestra democracia. No permitamos que nuestro tejido social se desmorone por completo; no dejemos que la anomia social se imponga.

Desde el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, en el año 2017, con su personalidad tan desmesurada al igual que sus acciones, se podría decir que, en esa época de democracias consolidadas y en especial de la sólida democracia de los Estados Unidos, empezó a emerger un pequeño monstruo.

El intendente Maximiliano Frontera, quien también desempeña el rol de Presidente del Consejo Departamental Pedernera del PJ,  realizó declaraciones al medio https://apuntesdesanluis.com/ el 28 de enero del corriente año. Planteó la necesidad de realizar “internas abiertas a padrón general”, con la intención de promover una democratización al interior del partido Justicialista, de reorganizar el partido, pero para ello propone una amplia amnistia, previa a la realizacion de elección de autoridades.

Si la incertidumbre era algo habitual en la vida política, económica y social de los argentinos, hoy esto se combina con improvisación. Improvisación desde arriba principalmente desde nuestro presidente.

Esto quedó claro este viernes después de la conferencia del Ministro de economía Luis Caputo, que después de haber promulgado el DNU 70/2023, el 20 de diciembre a diez días de haber asumido, donde el Poder Ejecutivo pretende modificar o derogar un centenar de leyes y luego el 27 de diciembre, envía al congreso una “Ley ómnibus”, es decir un proyecto con muchas leyes, denominado “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, la cual trata de una gran reforma en distintas materias de la administración pública.

Este proyecto enviado por el Presidente al Congreso contaba con 664 artículos (más anexos) y refiere a temas muy diversos como la emergencia económica; la reorganización administrativa; seguridad y defensa; justica interior, ambiente, turismo y deporte; capital humano; salud pública; e infraestructura y servicios. Además, de ratificar el DNU.

Bueno, como veras, así arrancó el nuevo gobierno, en un país que claramente democrático, republicano y federal, con división de poderes, con un Poder Legislativo, en donde el espacio por el cual es elegido el presidente no cuenta con mayoría en las cámaras, con escaso poder territorial, la mayoría de los gobernadores no pertenecen a su espacio, comulgan algunas ideas, pero no todas.

A esto le sumamos que, tanto en campaña como una vez asumido el presidente Javier Milei, había sostenido que no iba a negociar con la casta, que no era más con los mismo de siempre, que el ajuste lo iba a pagar la casta.

Lo cierto es que el primer indicio de que iba a negociar con la denostada casta, lo da él mismo, inmediatamente de haber resultado ganador, mediante su abrazo con Bullrich (luego la nombraría Ministra de Seguridad) y Macri, a lo que le siguieron los gobernadores del espacio de Macri y Bullrich, luego pudimos observar como fue armando su equipo de trabajo con viejas figuras políticas que datan desde los gobiernos de Menem, De La Rúa, Macri, y algunos “peronistas” oportunistas.

Como veras una vez asumido, un gobierno débil, sin estructura partidaria, ni territorial, se enfrentó con la realidad de la política, y que para hacer política en un país con las características que te mencionaba más arriba, división de poderes y federal, no le quedaba más remedio que negociar con la casta a regañadientes, pero por una cuestión de pragmatismo, para otorgarse gobernabilidad, que no es un dato menor, no tenía muchas opciones.

Lo que también es cierto que una vez emitido el megadecreto y enviado al Congreso la Ley ómnibus, las cosas no le fueron fáciles al presidente, y no le fueron fáciles precisamente por esa intransigencia, tal vez por tratarse de un outsider, por desconocer ciertas cuestiones de la real politik, o porque también sus ideales libertarios lo hacen sentirse un “ser superior”, como da entender, y como lo vimos y escuchamos en el discurso de Davos.

Lo vimos y vemos que mientras en el Congreso, con los más afines a él y su equipo tratan de negociar y acordar algunas cuestiones para poder llevar a cabo su agenda, por otro lado, el presidente principalmente, su ministro de economía, su canciller Diana Mondino, el procurador del Tesoro Rodolfo Barra, todo el tiempo más que construir dialogo, consenso, rompen, ni hablar de la controvertida figura de Sturzenegger que no es funcionario, pero es el ideólogo prácticamente de la agenda de gobierno.

Hemos pasado en este tiempo del contundente “no negociamos nada” a aceptar a regañadientes una reforma a su “ley ómnibus” por parte de los gobernadores dialoguistas de Juntos por el Cambio , a también terminar rompiendo con algunos de ellos por intransigencias, y viendo que los números no les daban para obtener la aprobación de la misma, ahora finalmente, como te mencione, el viernes el Ministro de Economía en conferencia a las 20 horas, dijo que retiran de la Ley Ómnibus, el capítulo fiscal, de Ganancias, Retenciones y Jubilaciones que eran donde tenían más resistencia, para ver si así pueden aprobar la ley ómnibus.

Pero la cosa no termina acá, a este manotazo de ahogado, del cual no estoy tan segura, y porqué digo esto, porque si bien es cierto que los números no le daban, aun en la famosa ley ómnibus quedan un montón de cuestiones muy controvertidas y las más controvertida es la de las “Facultades Delegadas”, qué pasa con eso, si la aprueban, ¿no hay posibilidades que mañana todo lo que sacaron para que se apruebe vuelva a estar?

Sumado a que a pesar de que desde el gobierno lo nieguen, el paro del 24E convocado por la CGT fue masivo, lo que también demuestra que ya no goza de la misma conformidad, si bien tenemos algunos datos, que el país se encuentra muy divido, con lo que se podría decir, estamos ante la presencia de un nuevo clivaje, una nueva grieta: mileistas/antimileista.

Ahora, qué pasa con esa polarización extrema, en una sociedad que no es tan sumisa, que está cansada, que viendo que el ajuste lo está pagando ella misma, no la casta, que al final están los mismos de siempre, qué pasa con un gobierno que dice que el problema es el Estado cuando sabemos que en Argentina con todas sus falencias, está presente, en la salud pública, en la educación, en la asistencia a los más desventajados de la sociedad, en un país de más 46 millones de argentinos, en un país federal con distintas realidades en cada provincia.

Qué hacemos sin Estado, te lo preguntaste, te preguntaste qué podría pasar si mañana te levantas y todo lo tenés que pagar, te preguntaste qué pasa si le das el poder a una persona de decidir todo y que, como va a contar con la legitimidad de que tener aprobación del Congreso de sus facultades, no vas a tener donde quejarte. Yo lo pensaría…

Este año el Foro Económico Mundial contó con la presencia de nuestro presidente Javier Milei, para muchos era de gran expectativa lo que pudiese decir en su discurso, luego de pasado el mismo, las sensaciones que dejó eran de asombro, pero principalmente de vergüenza.

Más que nada este último sentimiento fue expresado por muchos ciudadanos argentinos y de otros países, entre los que cuales había diversas opiniones al respecto, de periodistas tanto de nuestro paìs como de periodistas internacionales, enviados especiales, académicos, distintas personalidades de la cultura, la ciencia, etc, que no salían del asombro por muchas de las cosas que dijo, sino que a su vez hacían eco en ese asombro y vergüenza, lo que los medios internacionales mencionaban sobre lo expresado por el presidente Javier Milei y los modos en que lo dijo.

Ahora vamos a lo que más ruido, asombro y vergüenza provocó. Primero negar la violencia de género, donde sabemos que cualquier estadística podría desmentir rápidamente esta aseveración pronunciada por el presidente. Hace unos días Cenital en su columna Primera Mañana, señalaba que en el 2023 hubo una víctima de violencia de género cada 26 horas según un informe de la ONG La casa del Encuentro.

Segundo, negar el cambio climático en el mundo, cuando también distintos informes, estudios científicamente comprobados demuestran la veracidad de este fenómeno.

Ambas afirmaciones esgrimidas por el presidente son refutadas con hechos, datos y el consenso casi unánime de la gran mayoría de los países miembros de la ONU.

Por último, y a lo que en este punto me voy a explayar es, la afirmación de que el Estado es el problema, de que no necesitamos al Estado, que el mercado es el único que debe prevalecer, que el mundo debe ser capitalista y no necesita al Estado, según las efusivas palabras del presidente Javier Milei, esbozadas en su discurso.

Vamos a ir por partes, ordenando algunas ideas que considero necesarias para entender y ayudar a entender la necesidad del Estado, de los Estados en el mundo.

Por un lado, haciendo un poco de historia, los Estados surgen como necesidad, precisamente en los comienzos del capitalismo. Así lo señalan varios estudiosos de la teoría Estado y de la necesidad de su surgimiento para la consolidación del sistema capitalista en el mundo. Intentare explicar la necesidad del Estado a través de dos teóricos y estudiosos del Estado.

Michael Mann [1]y Guillermo O’Donnell[2], el primero sociólogo y el segundo politólogo. Ambos toman como punto de partida la definición de Estado de Max Weber, con algunas leves diferencias entre los tres.

Pero toman como base la siguiente definición de cuño weberiano, que sostiene que, el Estado es: “un Un conjunto de instituciones y de relaciones sociales (la mayor parte de estas sancionadas por el sistema legal de ese estado) que normalmente penetra y controla el territorio y los habitantes que ese conjunto pretende delimitar geográficamente. Esas instituciones tienen último recurso, para efectivizar las decisiones que toman, a la supremacía en el control de medios de coerción física que algunas agencias especializadas del mismo estado normalmente ejercen sobre aquél territorio”.

En el caso de Mann este nos señala que, “el Estado se puede definir en términos de lo que parece, institucionalmente, o de lo que hace, sus funciones". Señalando también “la necesidad del Estado, que las sociedades sin estado han sido primitivas, que no hay sociedades civilizadas complejas sin algún centro de autoridad dominadora coactivo, por limitado que sea su campo de acción, que las sociedades con Estado han tenido un valor de supervivencia superior al de aquellas sin Estado”. A lo que agrega que, “la mayoría de las sociedades parecen haber requerido que algunas reglas, relevante para la protección de la vida y la propiedad, sean impuestas de forma monopolística, y éste ha sido territorio del Estado, debido a que las sociedades necesitaban que algunas de sus actividades sean reguladas sobre un territorio centralizado”.

A su vez también señala, que él considera que son cuatro las actividades centrales de los Estados: “mantenimiento del orden interior, defensa contra la agresión extranjera, mantenimiento de las infraestructuras de comunicación: caminos, ríos, moneda, pesos y medidas, ordenamientos mercantiles y redistribución económica”

Por su lado, O’Donnell que también retoma la definición de weber sobre el Estado, pero él se enfoca más en lo que el Estado puede hacer o hace.

O’Donnell sostiene que, el Estado bajo esta mirada abarca tres dimensiones fundamentales que funcionan como tendencia, pero que ninguna se cumple al ciento por ciento y resultan de carácter históricamente contingente. Un “conjunto de burocracias, las cuales deben ser eficaces, un sistema legal, estado de derecho, el cual debe ser efectivo y un foco de identidad colectivo, es decir, un Estado para la nación, el cual debe ser creíble.

También señala que, el surgimiento de los Estados fue un proceso contemporáneo con la expansión del capitalismo, de relación compleja, pero relacionados al fin. Ya que como bien lo señala O’Donnell “esta conexión crucial fue provista por la extensión del Estado y su legalidad, que por un lado institucionalizó la autoridad de la burocracia estatal y por el otro promulgó las reglas legales que establecieron sólidas garantías de la propiedad privada, la comercialidad de la propiedad inmobiliaria y la libertad de contratar y en especial de vender la fuerza de trabajo. Crearon un espacio económico y una moneda unificada, lo cual todo esto resultó absolutamente fundamental para el desarrollo, expansión y consolidación del capitalismo".

Esto a grandes rasgos y de manera sucinta es el Estado y su relación con el capitalismo, pero también el Estado, los Estados, pueden ser democráticos o no y ese es otro tema. Pero en Estados democráticos, los Estados también son garantes de derechos no sólo de derechos a los señores capitalistas, sino que los Estados están al servicio del bien común o del interés público.

Lo que intento explicar es que, tanto para el mercado como para la sociedad civil, el Estado, los Estados son necesarios.

En lo referido al mercado, los mercados no existen sin Estado y por qué, porque el Estado es quien garantiza que no haya situaciones de abuso dominante. Como mencionaba en estos días Martín Reydó, director Ejecutivo de Fundar, que es un centro de investigación y diseño de políticas públicas, donde señalaba que “hay una creencia que, si vos sacas regulaciones legales o administrativas, si sacas al Estado, si sacas burocracias, detrás de eso está el mercado". Un mercado que también se cree que no tiene fallos y que si los tuviese se corrige solo, y "que el mercado es anterior al Estado”. A lo que aduce Reydó que, “eso no es cierto, los países que tienen poco Estado, poca regulación, pocas capacidades estatales, malas burocracias, no son países que tienen fuertes mercados. Los países más pobres del mundo, por ejemplo, el África subsahariana, no es que hay buen mercado funcionando, no hay mercado funcionando”. Concluye, “si no hay Estado no hay mercado, el mercado también es creado por el Estado, por un estado fuerte, que sabe regular, que sabe premiar y castigar cuando se cumple o no la ley. Ahí tenés buenos mercados funcionando”.

En lo referido a la sociedad civil, a los derechos, como bien lo sostiene Oscar Blando, doctor en Derecho Constitucional, que también señala esta creencia, de la no necesidad del Estado, de que el Estado es el problema, como clima de época, que así como pretende instalar la necesidad de que no haya Estado, que con el mercado es suficiente, también quiere instalar “la idea de que el Estado es siempre un enemigo de la libertad y los derechos” a lo que nos señala Oscar que,” es al revés sin la intervención estatal los derechos y libertades reconocidos en las Constituciones y Convenciones de DDHH son mera retórica”.

Con todo esto, lo que queda claro, es la necesidad de un Estado, de los Estados presentes, la necesidad de como mencionara O’Donnell, de que estos Estados sean eficientes, eficaces y creíbles.

La necesidad de mejorar estos Estados, de entender que son creaciones humanas y por lo tanto perfectibles, es decir, con capacidad de perfeccionarse o de ser perfeccionados, la necesidad de una sociedad civil vigilante del mismo, atenta a señalar situaciones que atentan contra el mismo, como la corrupción y no me refiero sólo a la corrupción a gran escala, me refiero a que cada uno de nosotros puede mejorar su accionar respetando ciertas reglas, ciertas normas de convivencia, de colaborar en la construcción de Estados más democráticos, más inclusivos, de denunciar atropellos y de defender los derechos adquiridos.

De creer firmemente en la necesidad de un Estado presente, y no me refiero a un Estado como un gran Leviatán al que hacía referencia Hobbes, sino a un Estado eficiente, equitativo, activo, un Estado social, es decir, un aliado de la libertad y los derechos, algo que el mercado no puede gestionar, porque los derechos, como dice Oscar Blando “no son mercancías que pueden quedar librados al libre juego de la oferta y la demanda”.

[1] Mann, Michael. 2006 [1991]. “El poder autónomo del Estado: sus orígenes, mecanismos y resultados”. Revista Académica de Relaciones Internacionales 5

[2] O’Donnell, Guillermo. 2004. “Acerca del Estado en América Latina: diez tesis para debate”. En La Democracia en América Latina, contribuciones para el debate. PNUD-ONU.

La última frase lanzada por el presidente Javier Milei, haciendo referencia al tratamiento de la “ley ómnibus”, esto me lleva a pensar en lo que Nicolas Maquiavelo dice en su célebre libro El Principe sobre de qué modo deben los príncipes mantener su palabra y recurre a la comparación entre la zorra y el león, una representando la astucia y otra la fuerza, lo que deja entrever la necesidad de la estrategia, de la negociación estratégica en el caso de la política, de mezclar la astucia con la fuerza pero sin que se note la segunda. Algo con lo el presidente Javier Milei parecería no llevarse muy bien, esto de los equilibrios.

Intenta imponer la fuerza “bruta” irracional, por sobre la astucia estratégica, en vez sumar, de generar consensos necesarios, de ser un astuto estratega, solo deja a su león rugir, lo que en política puede no resultar, al menos dentro de las formas de hacer política democrática.

Parecería por momentos desconocer el juego, al menos el juego democrático, donde las instituciones importan, tienen peso. Donde él llega al poder dentro de un régimen democrático, presidencialista, con división de poderes.

Donde Poder Ejecutivo y Poder Legislativo poseen igual legitimidad de origen, llegan al poder por medio del voto popular, lo cual Juan Linz [1] denomina “legitimidad democrática dual”, es decir dos instituciones democráticas elegidas por vía democrática, a través de las urnas, por el mismo electorado y que por lo tanto representan la voluntad del pueblo.

A esto Linz lo menciona como una crítica al sistema presidencialista porqué, porque esta legitimidad de origen de ambos poderes puede desencadenar una “crisis de gobernabilidad”, ya que no siempre el Poder Legislativo es del mismo color partidario que el Ejecutivo, es donde se produce una lucha de poderes, de poderes en pugna, lo que puede en determinados casos provocar la caída del presidente. No obstante, también esta pugna de poderes entre el PL y el PE pueden en el mejor de los casos desempeñar un verdadero Checks and balances, actuando de frenos y contrapesos.

Dónde surge el problema, precisamente en esta incapacidad o en esta negación de combinar la fuerza y la astucia, de una adecuada estrategia de negociación. En este caso donde el presidente Javier Milei necesita para llevar a cabo su agenda de gobierno la aprobación no solo de su mega decreto (DNU) sino también de su “ley ómnibus” y acá volviendo al inicio de mi columna de opinión, donde lo que me provoca escribir sobre esto es precisamente la frase “no negociamos nada”, donde deja prevalecer al león, la fuerza por sobre la astucia de la zorra.

Si analizamos en detalle Javier Milei llega a la presidencia producto de un electorado fragmentado que produce un presidente minoritario con escasa legitimidad, por medio de una doble vuelta. La doble vuelta fabrica mayorías artificiales, es decir, de ese 56 % que lo votó, no es un voto todo a su espacio. Precisamente esta segunda vuelta se da entre dos opciones que se presentan al electorado y este opta por el “menos malo”, lo que no quiere decir, que estén de acuerdo totalmente con su propuesta de campaña, ni comulguen con su ideología al cien por cien.

Esta es una de las consecuencias de los sistemas electorales de segunda vuelta, que se aplican en sistemas multipartidistas, donde muchas veces la distancia ideológica entre los distintos partidos tiene una tendencia hacia los extremos, dando lugar a multipartidismos muy polarizados y en donde las opciones para el electorado se presentan mucho más radicalizadas.

En el caso del presidente electo, el programa de gobierno era totalmente opuesto al de su adversario (Sergio Massa) en la segunda vuelta, y aquí encontramos otro problema del presidencialismo señalado por Linz y es que produce un ganador único, conduciendo a una personalización del poder, lo que generalmente lleva a una fuerte polarización, debido a la concentración del poder en una sola persona. La cual solo se atenúa, si el electorado se sitúa en el centro del espectro político y comparte posiciones moderadas.

Lo que en este caso se deja entrever que, si bien se podría decir gana con una mayoría artificial fabricada por la segunda vuelta, dentro de esa mayoría hay un núcleo duro del electorado muy radicalizado con una tendencia a la polarización extrema.

Es aquí, donde las dos de las críticas al presidencialismo esgrimidas por Linz entran en escena, la personalización del poder en manos de una única persona, el presidente y el problema de la legitimidad democrática dual, que como mencionaba provoca que, ambos posean la misma legitimidad de origen y por lo tanto se arroguen ambas la legitimidad para gobernar y se traben en una lucha de poder.

La salida en este caso en un sistema democrático es mediante el dialogo, el consenso, donde las estrategias de negociación de ambos poderes sean la vedette de la escena, donde se combine la fuerza y la astucia negociadora, por el lado del Poder Ejecutivo para poder imponer su agenda y por el lado del Poder Legislativo para actuar como un verdadero sistema de control y equilibrio.

El problema estaría radicando hasta el momento que desde el lado del Poder Ejecutivo no hay ni voluntad de diálogo, ni de consenso, ni una estrategia negociadora, lo que inevitablemente nos lleva a pensar que, de no dar el brazo a torcer el Poder Ejecutivo, cuál será la salida a esto, dentro del régimen democrático presidencialista para nuestro querido país. Qué herramientas posee nuestro sistema presidencial dentro de las instituciones democráticas, para resolver esta pugna de poderes y que no conlleve a una crisis de gobernabilidad insostenible.

Nos quedará estar atentos y observar estos vertiginosos primeros días de la presidencia de Javier Milei, que de luna de miel ha tenido pocos, como ambos poderes y principalmente desde el Ejecutivo puede encontrar la capacidad de construir consensos sin polarizar y radicalizar más a la sociedad, de encontrar en la política las herramientas necesarias para que la política vuelva a ser el arte de gestionar el conflicto, vuelva a estar en escena, donde las instituciones democráticas puedan demostrar su capacidad de control y equilibrio de los poderes.

 

 

[1] Valenzuela, A., & J. Linz, J. (1989). Presidencialismo, semipresidencialismo y parlamentarismo. Estudios Públicos, (36). Recuperado a partir de https://estudiospublicos.cl/index.php/cep/article/view/1517

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