Lunes, 20 Mayo 2024

Lo que Davos nos dejó

Publicado el Sábado, 20 Enero 2024 14:52 Escrito por

Este año el Foro Económico Mundial contó con la presencia de nuestro presidente Javier Milei, para muchos era de gran expectativa lo que pudiese decir en su discurso, luego de pasado el mismo, las sensaciones que dejó eran de asombro, pero principalmente de vergüenza.

Más que nada este último sentimiento fue expresado por muchos ciudadanos argentinos y de otros países, entre los que cuales había diversas opiniones al respecto, de periodistas tanto de nuestro paìs como de periodistas internacionales, enviados especiales, académicos, distintas personalidades de la cultura, la ciencia, etc, que no salían del asombro por muchas de las cosas que dijo, sino que a su vez hacían eco en ese asombro y vergüenza, lo que los medios internacionales mencionaban sobre lo expresado por el presidente Javier Milei y los modos en que lo dijo.

Ahora vamos a lo que más ruido, asombro y vergüenza provocó. Primero negar la violencia de género, donde sabemos que cualquier estadística podría desmentir rápidamente esta aseveración pronunciada por el presidente. Hace unos días Cenital en su columna Primera Mañana, señalaba que en el 2023 hubo una víctima de violencia de género cada 26 horas según un informe de la ONG La casa del Encuentro.

Segundo, negar el cambio climático en el mundo, cuando también distintos informes, estudios científicamente comprobados demuestran la veracidad de este fenómeno.

Ambas afirmaciones esgrimidas por el presidente son refutadas con hechos, datos y el consenso casi unánime de la gran mayoría de los países miembros de la ONU.

Por último, y a lo que en este punto me voy a explayar es, la afirmación de que el Estado es el problema, de que no necesitamos al Estado, que el mercado es el único que debe prevalecer, que el mundo debe ser capitalista y no necesita al Estado, según las efusivas palabras del presidente Javier Milei, esbozadas en su discurso.

Vamos a ir por partes, ordenando algunas ideas que considero necesarias para entender y ayudar a entender la necesidad del Estado, de los Estados en el mundo.

Por un lado, haciendo un poco de historia, los Estados surgen como necesidad, precisamente en los comienzos del capitalismo. Así lo señalan varios estudiosos de la teoría Estado y de la necesidad de su surgimiento para la consolidación del sistema capitalista en el mundo. Intentare explicar la necesidad del Estado a través de dos teóricos y estudiosos del Estado.

Michael Mann [1]y Guillermo O’Donnell[2], el primero sociólogo y el segundo politólogo. Ambos toman como punto de partida la definición de Estado de Max Weber, con algunas leves diferencias entre los tres.

Pero toman como base la siguiente definición de cuño weberiano, que sostiene que, el Estado es: “un Un conjunto de instituciones y de relaciones sociales (la mayor parte de estas sancionadas por el sistema legal de ese estado) que normalmente penetra y controla el territorio y los habitantes que ese conjunto pretende delimitar geográficamente. Esas instituciones tienen último recurso, para efectivizar las decisiones que toman, a la supremacía en el control de medios de coerción física que algunas agencias especializadas del mismo estado normalmente ejercen sobre aquél territorio”.

En el caso de Mann este nos señala que, “el Estado se puede definir en términos de lo que parece, institucionalmente, o de lo que hace, sus funciones". Señalando también “la necesidad del Estado, que las sociedades sin estado han sido primitivas, que no hay sociedades civilizadas complejas sin algún centro de autoridad dominadora coactivo, por limitado que sea su campo de acción, que las sociedades con Estado han tenido un valor de supervivencia superior al de aquellas sin Estado”. A lo que agrega que, “la mayoría de las sociedades parecen haber requerido que algunas reglas, relevante para la protección de la vida y la propiedad, sean impuestas de forma monopolística, y éste ha sido territorio del Estado, debido a que las sociedades necesitaban que algunas de sus actividades sean reguladas sobre un territorio centralizado”.

A su vez también señala, que él considera que son cuatro las actividades centrales de los Estados: “mantenimiento del orden interior, defensa contra la agresión extranjera, mantenimiento de las infraestructuras de comunicación: caminos, ríos, moneda, pesos y medidas, ordenamientos mercantiles y redistribución económica”

Por su lado, O’Donnell que también retoma la definición de weber sobre el Estado, pero él se enfoca más en lo que el Estado puede hacer o hace.

O’Donnell sostiene que, el Estado bajo esta mirada abarca tres dimensiones fundamentales que funcionan como tendencia, pero que ninguna se cumple al ciento por ciento y resultan de carácter históricamente contingente. Un “conjunto de burocracias, las cuales deben ser eficaces, un sistema legal, estado de derecho, el cual debe ser efectivo y un foco de identidad colectivo, es decir, un Estado para la nación, el cual debe ser creíble.

También señala que, el surgimiento de los Estados fue un proceso contemporáneo con la expansión del capitalismo, de relación compleja, pero relacionados al fin. Ya que como bien lo señala O’Donnell “esta conexión crucial fue provista por la extensión del Estado y su legalidad, que por un lado institucionalizó la autoridad de la burocracia estatal y por el otro promulgó las reglas legales que establecieron sólidas garantías de la propiedad privada, la comercialidad de la propiedad inmobiliaria y la libertad de contratar y en especial de vender la fuerza de trabajo. Crearon un espacio económico y una moneda unificada, lo cual todo esto resultó absolutamente fundamental para el desarrollo, expansión y consolidación del capitalismo".

Esto a grandes rasgos y de manera sucinta es el Estado y su relación con el capitalismo, pero también el Estado, los Estados, pueden ser democráticos o no y ese es otro tema. Pero en Estados democráticos, los Estados también son garantes de derechos no sólo de derechos a los señores capitalistas, sino que los Estados están al servicio del bien común o del interés público.

Lo que intento explicar es que, tanto para el mercado como para la sociedad civil, el Estado, los Estados son necesarios.

En lo referido al mercado, los mercados no existen sin Estado y por qué, porque el Estado es quien garantiza que no haya situaciones de abuso dominante. Como mencionaba en estos días Martín Reydó, director Ejecutivo de Fundar, que es un centro de investigación y diseño de políticas públicas, donde señalaba que “hay una creencia que, si vos sacas regulaciones legales o administrativas, si sacas al Estado, si sacas burocracias, detrás de eso está el mercado". Un mercado que también se cree que no tiene fallos y que si los tuviese se corrige solo, y "que el mercado es anterior al Estado”. A lo que aduce Reydó que, “eso no es cierto, los países que tienen poco Estado, poca regulación, pocas capacidades estatales, malas burocracias, no son países que tienen fuertes mercados. Los países más pobres del mundo, por ejemplo, el África subsahariana, no es que hay buen mercado funcionando, no hay mercado funcionando”. Concluye, “si no hay Estado no hay mercado, el mercado también es creado por el Estado, por un estado fuerte, que sabe regular, que sabe premiar y castigar cuando se cumple o no la ley. Ahí tenés buenos mercados funcionando”.

En lo referido a la sociedad civil, a los derechos, como bien lo sostiene Oscar Blando, doctor en Derecho Constitucional, que también señala esta creencia, de la no necesidad del Estado, de que el Estado es el problema, como clima de época, que así como pretende instalar la necesidad de que no haya Estado, que con el mercado es suficiente, también quiere instalar “la idea de que el Estado es siempre un enemigo de la libertad y los derechos” a lo que nos señala Oscar que,” es al revés sin la intervención estatal los derechos y libertades reconocidos en las Constituciones y Convenciones de DDHH son mera retórica”.

Con todo esto, lo que queda claro, es la necesidad de un Estado, de los Estados presentes, la necesidad de como mencionara O’Donnell, de que estos Estados sean eficientes, eficaces y creíbles.

La necesidad de mejorar estos Estados, de entender que son creaciones humanas y por lo tanto perfectibles, es decir, con capacidad de perfeccionarse o de ser perfeccionados, la necesidad de una sociedad civil vigilante del mismo, atenta a señalar situaciones que atentan contra el mismo, como la corrupción y no me refiero sólo a la corrupción a gran escala, me refiero a que cada uno de nosotros puede mejorar su accionar respetando ciertas reglas, ciertas normas de convivencia, de colaborar en la construcción de Estados más democráticos, más inclusivos, de denunciar atropellos y de defender los derechos adquiridos.

De creer firmemente en la necesidad de un Estado presente, y no me refiero a un Estado como un gran Leviatán al que hacía referencia Hobbes, sino a un Estado eficiente, equitativo, activo, un Estado social, es decir, un aliado de la libertad y los derechos, algo que el mercado no puede gestionar, porque los derechos, como dice Oscar Blando “no son mercancías que pueden quedar librados al libre juego de la oferta y la demanda”.

[1] Mann, Michael. 2006 [1991]. “El poder autónomo del Estado: sus orígenes, mecanismos y resultados”. Revista Académica de Relaciones Internacionales 5

[2] O’Donnell, Guillermo. 2004. “Acerca del Estado en América Latina: diez tesis para debate”. En La Democracia en América Latina, contribuciones para el debate. PNUD-ONU.

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Claudia Lobato

Politóloga - Licenciada en Ciencias Políticas

UNTREF - ULP

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